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Capablanca
pasaba más tiempo jugando contra Lasker que el que dedicaba a sus
estudios, por lo que la financiación de su mecenas se terminó en
1908, cuando contaba con 19 años, y se vió en la tesitura de tener
que volver a Cuba o malvivir en los Estados Unidos sin recursos
propios. Durante unos meses permaneció allí a cargo de sus padres
mientras buscaba una oportunidad, que no tardó en llegar cuando el
Campeón de los Estados Unidos, Frank Marshall, le ofreció
enfrentarse a él. La victoria de Capablanca fue tan rotunda que
Marshall quedó impresionado y se las arregló para que su joven
rival fuera invitado al fortísimo torneo de San Sebastián en 1911.
Sorprendentemente para todos, pues era su primera participación en
un torneo de categoría, ganó Capablanca y esto le llevó a
crecerse y a retar nada menos que al Campeón del Mundo.
Pero
en aquella época no existía un torneo de candidatos ni nada que se
le pareciera, y el Campeón del Mundo elegía a sus rivales e imponía
sus condiciones. Las que puso Lasker para enfrentarse a Capablanca
le parecieron a éste inaceptables, por lo que tuvo que esperar aún
10 años para ganar el título mundial.
En
1913 Capablanca fue oficialmente reconocido en su país,
otorgandosele el pomposo título de Embajador
Extraordinario y Plenipotenciario General del Gobierno de Cuba,
lo que entre otras cosas, llevaba consigo un no menos pomposo sueldo
del gobierno cubano.
En
cualquier caso, Capablanca hizo honor a su título de embajador y
paseó el nombre de Cuba, unido a sus victorias, por todo el mundo.
Al
año siguiente participó, junto a Lasker, en el Torneo de San
Petersburgo, que fue ganado por este último con medio punto de
ventaja sobre Capablanca. Este torneo sirvió a ambos para
reflexionar sobre sus posibilidades. Por una parte, Capablanca, que
3 años antes había retado a Lasker para el Campeonato Mundial, se
dio cuenta de que su rival era más fuerte de lo que pensaba y que
necesitaba mejorar su juego si quería tener realmente aspiraciones.
También Lasker tomó buena nota del 2º puesto del cubano y comenzó
a tenerle más respeto del que hasta entonces le profesaba.
Tan
en serio se planteó Capablanca su juego, que en los siguientes 10 años
sólo perdió una partida. Ganó brillantemente los Torneos de Nueva
York de 1914, 1915, 1916 y 1918 y fue entonces cuando comenzó a
llamarsele la máquina del
ajedrez. Nadie parecía poder ganarle, ni siquiera el Campeón
del Mundo. Cuando nuevamente retó a Emanuel Lasker, éste
sencillamente ¡abandonó el título y se lo cedió a Capablanca!
Sin
embargo, esto no gustó al mundillo ajedrecístico y hubo clamor y
una bolsa de 25.000 dólares para que ambos jugadores se enfrentaran
con el título mundial en juego. Lasker accedió y por fin se celebró
el esperado encuentro en La Habana en 1921. El resultado fue de 4
victorias y 10 tablas a favor de Capablanca. Nunca el Campeón del
Mundo (ni siquiera entre los posteriores) no había conseguido ni
tan solo una victoria frente al aspirante.
Capablanca
se casó ese mismo año y continuó su racha de éxitos, aunque a
partir de 1924 tuvo algunas malas actuaciones entrelazadas con
resonantes victorias frente a los grandes jugadores de la época:
Rubinstein, Nimzowitsch y Alekhine. Los tres retaron a Capablanca
para el título mundial y, en principio, éste aceptó enfrentarse a
los dos primeros; pero finalmente sólo lo hizo con Alekhine, que
fue el único que consiguió reunir los 10.000 dólares que según
las reglas en vigor (propuestas por el propio Capablanca), tenía
que depositar el aspirante. Capablanca, que subestimó a Alekhine,
perdió el encuentro con 3 victorias, 6 derrotas y 25 tablas,
teniendo que ceder la corona al nuevo Campeón Mundial. Con
posterioridad,
Capablanca
se
estableció
en
París
e
intentó
desesperadamente
concertar
un match
de revancha, pero la depresión económica le impidió reunir los
10.000 dólares que él mismo había impuesto como requisito. Lo
cierto, sin embargo, es que Alekhine siempre eludió enfrentarse de
nuevo con Capablanca por el título mundial, quizás por que no
estaba muy convencido de que volviera a ganarle.
Los
siguientes 10 años estuvieron salpicados de constantes altibajos,
ganando importantes torneos, pero haciendo resultados pobres en
otros. En 1937 se divorció y al año siguiente se casó con una
Princesa rusa. En 1939 consiguió sus últimos triunfos de
importancia, participando con el equipo de Cuba en la Olimpiada de
Buenos Aires.
El
7 de Marzo de 1942, y mientras presenciaba una partida en su querido
Manhattan Chess Club, sufrió un infarto de corazón, falleciendo al
día siguiente a la edad de 53 años. Fue el Campeón del Mundo que
murió más joven. En 1951 Cuba lo homenajeó editando el primer
sello de correos del mundo dedicado a un Campeón Mundial de
ajedrez.
José
Raúl Capablanca, la máquina del ajedrez, el querido
de las señoras (según le llamaba Alekhine), el Playboy, el Genio (como
también le denominaba Alekhine), fue efectivamente todo eso y mucho
más. Si por una parte es cierta la afición que tenía por los
flirteos, su extrema elegancia en el vestir, sus buenas maneras
y su extraordinario encanto personal para las damas, no es
menos cierto que ha pasado a la historia como un genial jugador de
ajedrez, considerado por todos como uno de los mejores de todos los
tiempos. Creador del estilo posicional, fue inigualable en la
conducción de los finales, faceta por la que fue, y es,
universalmente admirado y reconocido. En 3 décadas de juego, sólo
perdió 34 partidas, récord nunca alcanzado por ningún otro
jugador. Publicó varios libros, entre los que destacan My
Chess Career, Chess
Fundamentals y A Primer of
Chess. Editó una revista de ajedrez en Cuba desde 1912 hasta
1915 y protagonizó la película Chess
Fever en 1925.
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